Beatriz

Estas notas son de mi padre- que también estuvo en La Sabinosa- para que se incluyan en el Blog de los sabinosos.
Beatriz.
-«Hola a todos. Yo también pasé por la Sabinosa, en el año 1963-1964, no recuerdo exactamente la fecha. Me llamo Ricardo y soy de un pueblo a 18 kms. de Madrid.
Tengo 59 años y yo sí recuerdo algunas de las cosas que otros compañeros de celda cuentan. Porque aquello si era una carcel grande, guardada por inquisidoras, las cuales espero hayan pasado una vida como los meses que nos hicieron pasar a nosotros. 
Recuerdo los menús del gourmet que nos hacían comer, las hostias y los zapatillazos que nos daban sólo por respirar. Las lentejas con bichos y piedras. El tocino, que escondíamos bajo el mármol de la mesa, que si dabas un puñetazo y saltaba despedido podías escalabrar al de enfrente.
Las tortillas con mondas de patatas, y aquellos vasos de aluminio que tenian una costra de suciedad por dentro.
Os mando unas fotos que tengo guardadas como recuerdo de aquella infancia tan «feliz» que pasamos juntos en esta España nuestra. Si alguien se reconoce en las fotos me gustaría poder reencontrarme con ellos en algún lugar para saber que todavía respiramos, a pesar de todo.
En la foto de los cinco niños soy el segundo por la derecha.
Un abrazo a todos los sabinosos de todos los años».

Ángel

Hola, ¿que tal? Soy Ángel. Scila, te vi en Noticias Fin de Semana de la Sexta, el pasado día 6 de noviembre, y la mente se me abrió de golpe, me dije: Por fin mi familia y allegados verán que no les he contado batallitas de mi niñez, de lo que nos hicieron pasar por el simple hecho de ser niños y de familia pobre. 
¿Qué aportar después de todo lo que habéis dicho ya? Yo no me acuerdo de los años en que estuve, debió ser en los años 59, 60, o 61. 
Estuve en dos ocasiones, una vez solo y en la siguiente con mi hermano pequeño. Seguro que alguno pensará: Si os trataban tan mal ¿porqué volviste? Por el hambre que se pasaba y, además, porque no nos creían, pensaban que como éramos pequeños exagerábamos. 
Pero todo lo que han comentado en este Blog los compañeros es cierto, la escasez de agua, las comidas, obligarnos a comer los bómitos, etc.
No sé si alguno ha comentado que nos hacían dormir  mirando hacia los wateres (una vista maravillosa), todas las cabezas giradas hacia el mismo lado y, si alguno dormido volvía la cabeza…, hostia que te crió.
No sé si ya se ha comentado el castigo de permanecer sentado con la cabeza entre las piernas, creo que de ahí me viene lo de la espalda cargada. Las señoritas se comían lo poquito que nos enviaban las familias, los famosos paquetes.
En fin colegas del Preve, novatos del Preve, vete puro nova, los más vetes del Preve… No he olvidado la canción; «Con las colonias del Patronato, con los macutos para marchar, para marchar, para ver a nuestros padres que esperando están. Aquí te dejo tierra querida…»
Creo que los que no se acordaran con esto recordarán, yo se lo canto a mis nietos. Perdonad la extensión pero siempre había pensado quer moriría sin que mi familia creyera la verdad, mi verdad y la de todos los colegas del Preve que han pasado por La Sabinosa.
Un fuerte abrazo para todos.
Ángel.

Un afortunado: Tomás.

Mi nombre es Tomás Morales. Estuve en el preventorio de La Sabinosa en los primeros meses del año 1958, a los 9 años de edad. Fui junto con mi hermano mayor y los recuerdos que tengo son todos buenos a excepción de la sopa de sémola que nos daban de comer a menudo. 

No recuerdo malos tratos hacia nadie, ni separación de hermanos (en mi caso es evidente). La señorita que nos cuidaba, creo que se llamaba Emilia, nos trataba muy bien. Recuerdo que, además de a la playa de La Sabinosa, nos llevaban a jugar y a bañarnos a la Playa Larga, también que nos llevaron a ver un partido de fútbol del Tarragona. En fin que mis vivencias no tienen nada que ver con otras que he leído.

Adjunto la única foto que conservo.
Saludos.

Actualidad sabinosa

Ultimamente había leído algún comentario sobre el posible hundimiento de las ruinas de La Sabinosa. El pasado día tres de noviembre tuve ocasión de visitar las ruinas del Preventorio y comprobé que siguen allí, a punto de caer seguramente, pero permanecen en pie los muros y, en general la estructura de los pabellones. Algunas dependencias- como las cocinas, la enfermería, etc.- están absolutamente en ruinas, el riesgo de caer de un momento a otro es cierto. Impresiona ver el estado de fragilidad que tiene en la actualidad aquello que nos parecían muros imponentes, construcciones sólidas, inconmovibles, eternas.
El día estaba desapacible, nublado y con amenaza de gota fría pero la mar se mostraba tremenda, belicosa, grandes olas e imponentes avalanchas de espuma al golpear contra los acantilados del Preventorio, sin embarego el agua era de un verde esmeralda, precioso. Fue una gozada volver a pasar unas horas rodeando las alambradas que, por cierto, ¡las están cambiando!, están poniendo otras nuevas, menos agresivas, menos aterradoras. No ha habido fondos para mantener vivo el Centro y si lo hay ahora para nuevas vallas que ya no tienen nada que proteger, a veces, casi nunca, no se puede entender a quienes desde las administraciones toman decisiones, en especial estas que parecen ser tomadas fuera de lugar y de tiempo.
Os dejo un par de fotos tomadas hace unos días tan sólo.
Un abrazo, sabinosos.

Luis Miguel, la última incorporació

Estaba la otra noche rememorando mi infancia con mis hijos y al contarles mi paso por La Sabinosa me picaron la curiosidad de qué había sido de aquel preventorio, entramos en google y sorpresa gorda cuando me veo en una fotografia junto a un tal Jesús que me nombra al comentar su experiencia por allí. Ni idea tenía que existía el Foro de Scila, que me he leido de pe a pa con muchisimo interés. Subscribo absolutamente todo lo que se cuenta y aún añadiría más, pero por el momento me doy un respiro en las emociones que me han producido estos inesperados comentarios que me han retrocedido en el tiempo como si hubiera sido ayer. Impresionante. 
No tenía ni idea de que existiera una fotografía semejante mia a tan buen resguardo del tal Jesús, de quien me he acordado al verle, y es que nuestro cerebro es un misterio maravilloso. Ahora lo que me interesa es que Jesús sepa que sigo existiendo con 62 años, el tendrá parecido, que vivo en un pueblo de Madrid, cercano a la capital, y que me apetecería verle cincuenta años después. Yo guardo una única fotografía colectiva de nuestro grupo con una señorita, que no recuerdo su nombre pero él si parece saber. La tenía mi madre, que va a cumplir los 90 y tan pichi, la «culpable» de que su hijo lo pasara tan mal durante tres meses en aquel campo de concentración, aunque la vida, a la postre, se fragua de situaciones buenas y malas, todas formadoras de nuestra personalidad. La vida, como dijo alguien, es el arte de hacer un dibujo sin goma de borrar.  
El comentario suyo se titula: Jesús también estuvo allí, del 17/06/08, y yo me llamo Luis Miguel, tal como me cita en el pie de foto. Por favor, ruego algún comentario al respecto, un acuse de recibo, lo que sea. 
Un saludo.

Ana, el correo perdido

Ana dejó un correo hoy, y lo abrí, y le contesté pero, en ese momento, mi ordenador tuvo un fallo y supongo que se perdió mi respuesta y, lo que es peor…, se perdió el correo de Ana y por tanto su dirección. De modo que si vuelves por aquí, espero que sí, te ruego que vuelvas a dejar tu dirección de correo y me pondré en contacto contigo.
Hasta pronto.

De Miguel P.

Gracias Scila por publicar mi mensaje. Y a Juan por su respuesta, ya suponía que era María Tutor, hay caras que no puedes olvidar. La primera vez que estuve fue de Diciembre del 59 a Marzo del 60, tenia 7 años y estaba en el pabellón 5B con la señorita Caty, eran dos hermanas la otra se llamaba Sebastiana, si alguien las recuerda. Caty, la recuerdo como muy fría pero guapa. Luego estuve en el 61 y 62 en el pabellón 2B, con la maravillosa Maria Tutor, una mujer especial.
Sólo recuerdo a un chico: Monedero, que recibía muchos paquetes con caramelos y los repartía con los compañeros. No recuerdo mucho pero, poco a poco, si nos vamos reconociendo, podemos ir recordando. Yo encontré este blog en Agosto, no manejo bien Internet pero, poco a poco, me voy haciendo. Es otro mundo, poder dar con gente de hace 50 años. De los castigos, las comidas, y otras cosas, ya sabemos todos que eran horribles.
Un saludo para todos y gracias a ti, Scila, por este blog.



Miguel P.

Todavía estoy de guardia

Algunos ya se fueron para regresar en Agosto, más bien a finales. Pero a mí me toca hacer guardia todavía un par de semanas, antes de partir hacia los Balkanes donde pasaré un par de semanas o tres. De modo que si hay sabinosos, indecisos por entrar a identificarse, todavía están a tiempo de hacerlo, luego tendrán que esperar turno que después de vacaciones siempre hay aglomeraciones.


A pesar de la ruina y la desidia en la que se encuentran las instalaciones del Preventorio todavía es posible encontrar esquinas y rincones de una belleza conmovedora, sobre todo por los recuerdos que nos provocan.

Tomás estuvo allí

Me llamo Tomás y yo también estuve allí. Recuerdo que me enviaron al Preventorio en el Julio de 1965, tenía entonces 7 años. He leído el recorte de la Vanguardia de julio 1.965, y yo era uno de aquellos 50 niños. Mis recuerdos de mi estancia allí son horrorosos, y la recuerdo como una de las peores vivencias, no solo de mi niñez, sino de mi vida. 
Era muy pequeño y recuerdo pocas cosas, pero si recuerdo que la Srta. que “nos cuidaba” se llamaba Fermina y la llamábamos «Srta. Fermin». 
También recuerdo que cantabamos una canción que decía: «Ha venido Franco, ha tirado un cohete y a la Srta Fermin le ha dado en todo el chochete, que  tururú, que  tururú……».

Yo estaba en el Pabellon B que, creo, era el único al que se accedía subiendo unas escaleras, ya que a los demás, sin no recuerdo mal, entrabas directamente desde el patio y no había escaleras. La Srta. Fermin nos obligaba a dormir mirando hacia nuestro lado d
erecho, es decir, hacia el lado contrario de su dormitorio que se encontraba en la entrada del pabellón.             

Me acuerdo que una noche, mi compañero de la cama contigua, al que le llamaba Amador porque se parecía mucho a un chico de mi barrio que se llamaba así, me estaba dando golpecitos por la espalda y al volverme hacia él, vi horrorizado que la cuidadora, la Srta. Fermin, estaba allí de pié vigilándonos. No tardó en dirigirse hacía mí, se quitó la alpargata y me pegó una buena paliza con ella, golpeándome por todo el cuerpo, de tal forma que terminé sangrando por la nariz.
También recuerdo que, antes de salir de Madrid, me hice amigo de u
n chico que creo era de Segovia, o de Ávila, y tenía una pequeña cojera. Estuvimos muy unidos en los tres meses que allí permanecimos y me encantaría volver a contactar con él si llega a leer esto.
Mi hermana, enferma y hospitalizada en un sanatorio en San Rafael (Segovia), me envió por carta 25 pesetas de aquellas de billete, y así me lo decía en la misma, pero estas no se encontraban dentro del sobre que ya se habían encargado antes de abrir las cuidadoras.
Cuando estuve allí, a los novatos (creo que cada quince días llegaban nuevos grupos) les cantábamos «la made del PRE, la made del PRE», moviendo las manos hacia nuestro lado derecho, de arriba abajo, como si fuera una especie de danza.
Es curioso, pero siendo tan pequeño y en solo tres meses (fueron una eternidad), me acostumbré a sobrevivir en un ambiente sumamente hostil y horroroso para cualquier persona y más para un niño. Respecto a la comida, solo recuerdo los platos de sémola que nos daban casi todos los días. Por último, os envío dos fotografías, en una estoy con todo el grupo y en la otra con la Srta. Fermin en la famosa roca.
Ag
radezco a Scila la iniciativa de crear esta página en la que podemos dar a conocer a la gente lo que ocur
rió en ese lugar siniestro. Un abrazo muy fuerte para todos los que allí estuvimos. Tomás.