Indios y vaqueros

En aquellos años, finales de los cincuenta, aparecieron unos juguetes novedosos. Eran fidedignas reproducciones en goma, o plástico, de vaqueros, soldados, indios, caballos, fuertes, carros, diligencias… 
Todo el Oeste americano de las películas trasladado a unas miniaturas en plástico, magníficamente reprodicidas y coloreadas, que venían a sustituir a los antiguos y desfasados soldaditos de plomo de nuestros abuelos.
Evidentemente sólo disponían de aquellas maravillas los chavales cuyos padres les enviaban paquetes con comida y juguetes pero, al final, nos veneficiábamos todos de la novedad. Pronto se cambiaban vaqueros por cromos, por tebeos, o por fotos de señoras escasas de ropa, que ya circulaban- en blanco y negro- por las infantiles manos. No hay nada nuevo bajo el sol. 
Scila/

Fernando, el Nandi

Soy Fernando, El «nandi», del pabellón número 9. He leído algo sobre esto y, al parecer, algunos iban de vacaciones y otros íbamos por voluntad de los curas. Este tema de los niños de entonces, ya ha llovido bastante, es un asunto a recuperar, ya que los pabellones 1 al 8 iban, se supone, de vacaciones mientras que los que entrabamos al 9 eramos forzosos.
Tengo innumerables historias de desaparecidos en este pabellón maldito, así como de las torturas físicas y morales a las que nos sometían las 2 hermanas tenebrosas de las colonias. ¿Alguien se acuerda de «la Sardina» y «la Conchi»?
Si una era mala la otra era peor. Yo estuve en la época que, justamente, murió el Sr. Director. Creo que se llamaba Antonio y, en ese verano, nos las hicieron pasar canutas. Todavia y, a pesar de los años transcurridos, no se me va de la mente la canción: «Es la playa Sabinosa, Sabinosa del querer…», ni cuando nos bajaban para ser «cabeza agacha».
Me acuerdo de Jorge, al que violaban estas buenas amigas y, por eso, de los paquetes que recibíamos de nuestros padres, nunca pudimos comer, ya que Jorge estaba adelgazando a marchas forzadas y lo mejor lo reservaban para él. En el tiempo que estuve no comí en el comedor ni un solo dia, esperaba a salir al pinar y bajar para comer lo que encontrase, mientras tanto mi comida se la comía el compañero de al lado, para que el «señor Instructor» viera el plato vacío.
¡Uf! si contara las cosas que he visto en esta carcel de menores. Estoy en ello y creo que sería importante que la gente conociese las atrocidades que alli se practicaban con nosotros.

El nandi.