Bienvenido

Nos escribe un nuevo sabinoso para contarnos que también pasó por la Sabinosa a principios de los años cincuenta (posiblemente la expedición 143). No conserva fotografías pero en general sus recuerdos son similares a los nuestros salvo en la percepción de que, con él, se portaron bien las cuidadoras, no recuerda malos tratos destacables, aunque sí la consabida escased de agua, las penalidades del viaje y poco más.
En cualquier caso él nos contará en los próximos días la versión que su memoria conserva de su estancia en el Preventorio.
Nuestra más afectuosa bienvenida a este nuevo miembro del Club de los sabinosos cuyo anonimato respetamos por su expreso deseo.

Hacia La Sabinosa – I


(Resumen)

…cuando el tren salió de la estación me deslumbró el sol y, al tiempo, borró mi repentina congoja como si la luz intensa hubiese lavado los oscuros pensamientos. Estaba rodeado por tres decenas de chavales más o menos de mi edad, siete en cada asiento, ninguno permanecía sentado. Pronto el guirigay que provocaban hizo imposible entenderse, ni a gritos. Me sorprendí a mí mismo gritando, saltando, gesticulando; perdido el control, perdido el miedo a ser sorprendido por él haciendo algo indebido, sin preocuparme de las consecuencias.
Descubrí de repente, por primera vez en mi vida, la felicidad. Era muy, muy feliz. No podía verme, pero sonreía de oreja a oreja. Ignoraba qué clase de milagro se había producido, pero el padre me había metido en un tren que me alejaba cada vez más, de él, y de sus palizas…
Scila/